WASHINGTON — Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el exsecretario de prensa de la Casa Blanca Ari Fleischer recordó la confusión y las decisiones que marcaron lo que describió como “el día más inimaginable”.
Fleischer, quien trabajó durante la administración del presidente George W. Bush y viajaba con él esa mañana, relató a WTOP que se encontraban llegando a una escuela primaria de Florida cuando recibió un mensaje en su localizador informándole que un avión había impactado el World Trade Center.
Al principio, todos pensaron que se trataba de un terrible accidente. Poco después, recibió un segundo mensaje indicando que otra aeronave había golpeado la segunda torre.
Unos 30 segundos más tarde, el entonces jefe de gabinete Andrew Card entró al salón y le susurró al presidente que Estados Unidos estaba bajo ataque.
“En ese momento supe que el mundo había cambiado”, recordó Fleischer.
Rumores y mensajes contradictorios
Mientras el presidente y su equipo abordaban el Air Force One, recibieron numerosos informes que posteriormente resultaron ser falsos. Entre ellos se encontraban rumores sobre un automóvil con explosivos en el Departamento de Estado, un incendio en el National Mall y una aeronave desconocida que supuestamente se dirigía al rancho presidencial.
La situación se volvió todavía más alarmante cuando llegó un mensaje que decía: “Angel es el siguiente”. En ese momento, “Angel” era el nombre clave utilizado por el Servicio Secreto para referirse al Air Force One.
Las autoridades llegaron a considerar la posibilidad de una amenaza interna contra el avión presidencial. Posteriormente se determinó que todo había sido producto de una serie de comunicaciones confusas.
Fleischer explicó que los filtros utilizados normalmente para evitar que información incorrecta llegara al presidente dejaron de funcionar porque nadie quería correr el riesgo de ignorar una posible amenaza.
La reacción del presidente Bush
Según Fleischer, Bush mantuvo una actitud firme durante toda la crisis. Los agentes del Servicio Secreto, los militares y el resto del equipo presidencial también trabajaron sin mostrar pánico.
“No hubo llanto, ni altibajos. Teníamos un trabajo que hacer”, recordó.
Cuando el presidente regresó a Washington esa noche a bordo del Marine One, pudo observar el Pentágono todavía humeante. Fleischer recordó que Bush comentó que el edificio militar más poderoso del mundo estaba en llamas.
Para el entonces secretario de prensa, aquella imagen representó una nueva forma de guerra en la que los grupos terroristas podían causar una enorme destrucción sin contar con ejércitos, fuerzas navales o aviación militar.
Una mirada a las decisiones posteriores
Al evaluar la respuesta de la administración, Fleischer defendió la decisión de perseguir militarmente a los responsables de los atentados. También reconoció que no haber capturado a Osama bin Laden durante el gobierno de Bush fue una de las principales tareas pendientes.
Bin Laden murió en 2011 durante una operación estadounidense autorizada por el presidente Barack Obama.
Fleischer también señaló que la decisión de enviar inicialmente una fuerza militar limitada a Afganistán buscaba reducir las bajas estadounidenses, pero restringió la capacidad del país para cumplir otros objetivos.
Cada aniversario, afirmó, le recuerda el momento exacto en que comprendió que Estados Unidos y el mundo habían cambiado para siempre.