Cambiar el césped tradicional por vegetación nativa puede reducir el riego, prevenir la erosión y favorecer la fauna local. En la Cooperativa Rosa de Pantano de Silver Spring, Maryland, asesoran a quienes quieren empezar por un rincón del jardín o transformar todo el césped en un prado salpicado de flores silvestres. Además de venta al por menor, ofrecen servicios de diseño, instalación y mantenimiento de jardines con especies autóctonas.
Will Colburn, responsable de diseño y abastecimiento de plantas, acoge a cada visitante asegurando que “no somos puristas: si les gustan algunas especies no nativas, pueden mantenerlas siempre que no estén en listados de invasoras”. Explica que quienes deseen atraer aves a su jardín encontrarán en las plantas autóctonas una opción ideal. Este estilo de paisaje, más suelto y natural, demanda menos cuidados y ofrece color desde la primavera hasta el otoño con especies como la rudbeckia (susana de ojos negros, flor emblemática de Maryland), el coreopsis y el áster aromático, que en otoño cubre el jardín de vistosas flores moradas.
Aunque ningún jardín está exento de mantenimiento, Colburn resalta el menor consumo de agua, fertilizantes y pesticidas, así como el valor ecológico para insectos y aves. Recomienda informarse sobre las normas de las asociaciones de vecinos antes de hacer grandes cambios y subraya que no es necesario renunciar por completo a una estética tradicional: “Se puede conservar cierta apariencia clásica usando plantas autóctonas.”




