Khatira Rustami pasó noches estudiando para los cursos de Colocación Avanzada, aprendió a completar los formularios de ayuda financiera universitaria y asumió la vicepresidencia de la Asociación de Gobierno Estudiantil y de la Asociación de Estudiantes Musulmanes, al tiempo que mantenía un expediente impecable. Sin embargo, su verdadero logro nació del sacrificio de sus padres, que renunciaron a su idioma, a su cultura y a su red de familiares al emigrar desde Afganistán. Gracias a ese esfuerzo, ella no solo pudo recibir una educación, sino también obtener una beca completa para ingresar este otoño a la Universidad George Washington con el sueño de convertirse en diplomática.
Al desfilar por el escenario en su ceremonia de graduación, Khatira quiso que sus padres comprendieran plenamente el alcance de su valentía y sus renuncias. Cada paso que daba simbolizaba años de trabajo conjunto, de nuevas oportunidades construidas en un país desconocido.
La joven, distinguida como la mejor estudiante de su promoción, compartió ese día con compañeros que viven historias semejantes. En su instituto del condado de Prince George’s, todos los alumnos son inmigrantes o hijos de inmigrantes. La clase de graduación, reducida a menos de un centenar de estudiantes, se conoce tan bien entre sí como conocen sus propios relatos de mudanza, adaptación y esperanza.




