Cary Hatch, exestratega de marketing en Washington D.C., afronta un diagnóstico de cáncer de pulmón en fase 4 tras disfrutar de su jubilación. Gracias a una terapia oral diaria dirigida a mutaciones EGFR, su enfermedad se mantiene bajo control.
Tras su diagnóstico en 2024, Hatch y su esposo adquirieron un kit económico de medición de radón, que arrojó valores el doble por encima del umbral considerado seguro por las autoridades ambientales de Estados Unidos. El radón es un gas radiactivo, inodoro e invisible, y constituye la principal causa de cáncer de pulmón en no fumadores y la segunda en la población general, según el Instituto Nacional de la Salud. Por ello, ella impulsa la iniciativa “Personas contra el Radón” para que la detección de este gas sea tan habitual como cambiar las pilas de un detector de humo.
Los kits de medición de radón se encuentran en ferreterías o se entregan gratis en algunos municipios. Se recomienda colocarlos en el nivel más bajo de la vivienda durante varias semanas; si la concentración supera los cuatro picocurios por litro, conviene realizar una mitigación. En su propia casa, tras 25 años de residencia, alcanzó ocho picocurios por litro. La instalación de sistemas de reducción en la zona de Washington D.C. oscila entre 800 y 1.500 dólares, una inversión moderada comparada con el coste humano y económico de un cáncer de pulmón avanzado. Hatch aconseja consultar el mapa de zonas de radón y contactar a un especialista certificado para proteger la calidad del aire en el hogar.




