Las autoridades ambientales investigan una fuga de combustible ocurrida en la Base Aérea Andrews, en Maryland, entre enero y marzo. Se estima que unos 22 000 galones de combustible se derramaron en el arroyo Piscataway, detectados el 23 de marzo gracias a la presencia de una capa brillante en el agua y olores característicos. La base logró recuperar alrededor de 10 000 galones antes de que el líquido llegara al cauce, tras lo cual se clausuró el sistema de abastecimiento mientras se determina el origen de la avería.
El departamento ambiental de Maryland, junto con un contratista especializado, coordina la limpieza del área afectada y la toma de muestras de suelo y agua. En sus propios cálculos, la dependencia cifró la fuga en aproximadamente 32 000 galones de combustible de aviación. La base explicó que la diferencia de 10 000 galones se debe a fluctuaciones normales de temperatura y a una válvula defectuosa, y que ese volumen adicional permaneció confinado dentro de las instalaciones de almacenamiento. Las autoridades estatales reprocharon a la base no haber informado de forma inmediata, como exige el permiso de vertidos, ni haber notificado a tiempo las repetidas alarmas del sistema de detección de pérdidas.
Serena McIlwain, secretaria de Medio Ambiente de Maryland, subrayó que “contaminar la tierra y el agua del estado es inaceptable” y urgió a esclarecer los hechos con celeridad. Se ordenó realizar muestreos de suelo de emergencia para trazar el alcance de la fuga, habilitar pozos de monitoreo y presentar informes diarios sobre las labores de remediación. Aunque no existe riesgo para el agua potable, se aconseja a los residentes no nadar ni consumir pescado en las zonas del arroyo donde aún persistan manchas o aromas de combustible.




