Un profesor de arte de la Universidad de Maryland ha sorprendido al público al convertir sillas de plástico monobloc en instrumentos musicales, añadiéndoles cuerdas de arpa. La idea, que surgió casi por accidente mientras el artista experimentaba con materiales, ha captado la atención en redes sociales gracias a lo inusual y atrevido de estas piezas. Más allá del sonido, lo que impacta a quienes las ven es la sencillez de un objeto cotidiano que evoca recuerdos compartidos en patios, reuniones familiares o espacios al aire libre.
El creador reconoce que todavía ensaya la forma ideal de tocar estas “sillas musicales”: a veces utiliza un arco, como si fuera un violín o un violonchelo, y otras veces las puntea con los dedos, al modo de una guitarra. Aunque el timbre recuerda más a las cuerdas de una guitarra, la posición de las manos y la disposición de las cuerdas hacen pensar también en el piano, pues el intérprete suele emplear ambas manos para extraer melodías inesperadas de un objeto concebido originalmente para descansar.
Para el docente, la fuerza de su proyecto radica en la conexión emocional que despierta. Afirma que todos tenemos una memoria física o visual de esas sillas, y al transformarlas en arte sonoro, reaparece un vínculo con el descanso compartido y la convivencia. En un mundo donde cada vez resulta más difícil distinguir lo auténtico de lo generado por inteligencia artificial, su apuesta es “ser lo más humano y extraño posible”, manteniéndose fiel a su propia visión creativa.




