En Gaithersburg, Maryland, un grupo de jubilados de una residencia de mayores se desplaza una o dos veces por semana a una escuela primaria cercana para ofrecer apoyo en lectura, matemáticas y lengua extranjera a los alumnos más jóvenes. Esta colaboración nació el año pasado con sólo dos voluntarios, pero ya reúne entre doce y quince residentes que se emparejan con diferentes cursos para reforzar las habilidades de los estudiantes.
Jim Pattison acude todos los viernes a segundo grado para ayudar con lectura, gramática y fonética; los niños lo llaman cariñosamente “el señor JP” y esperan su llegada como si fuera “Navidad cada viernes”. Otra voluntaria, Joan McCarthy, trabaja con un grupo de cuarto para apoyar a quienes aprenden inglés como segunda lengua. Para ambos, este intercambio intergeneracional no solo beneficia a los pequeños, sino que también les aporta energía y un sentido renovado de propósito.
Además de sus clases, los jubilados han recaudado fondos para adquirir camisetas que los alumnos lucen en excursiones y eventos, así como setenta y cinco mochilas para estudiantes necesitados, y participan en proyectos de embellecimiento del recinto escolar. Según el director, esta implicación refuerza en los niños la convicción de que sus esfuerzos importan y demuestra que iniciativas similares podrían replicarse en otras comunidades educativas.




