Los expertos advierten que las teorías conspirativas se están propagando con una velocidad sin precedentes en las redes sociales, un fenómeno que no es solo una sensación pasajera sino el síntoma de problemas más profundos en Estados Unidos tras el tiroteo en la cena de corresponsales de la Casa Blanca. Desde quienes aseguran que el ataque fue montado hasta usuarios que recuperan teorías previas del presunto agresor, la difusión masiva de rumores se explica por dos factores clave: la dificultad creciente para distinguir la verdad de la desinformación y la pérdida de confianza en las instituciones y en los especialistas encargados de verificar los hechos.
Según la profesora Jen Golbeck, de la Universidad de Maryland, estos elementos se han combinado en una “tormenta perfecta” alimentada por la crisis de credibilidad que persiste desde la pandemia de COVID-19. A su juicio, el desplome de la confianza en las fuentes oficiales facilita la expansión de falsedades y mina los valores democráticos, pues quienes fomentan la desconfianza buscan que la sociedad acabe por no creer en nada. Para contrarrestar esta tendencia, Golbeck insiste en la necesidad de recurrir a informaciones fundamentadas en hechos, ciencia y verdades objetivas, recordando que la democracia exige que la población tenga acceso y comprenda la realidad.




