En febrero, el índice Dow Jones superó por primera vez los 50 000 puntos y desde entonces se ha mantenido en niveles históricamente altos. Al mismo tiempo, la inflación sigue elevada: los precios de los alimentos se han disparado y la gasolina ha subido más de 1 dólar por galón. Para David Kass, profesor de finanzas, la bolsa refleja principalmente las expectativas de crecimiento de los beneficios de las grandes empresas, en las que invierten quienes buscan rentabilizar sus carteras a futuro.
Esta dinámica contrasta con la situación de quienes no participan en el mercado bursátil y sufren el encarecimiento de los carburantes y los productos básicos, que encarece los viajes y las reuniones familiares alrededor de la barbacoa. Este fenómeno se asemeja a una economía con forma de K: una parte de la población se beneficia de la subida de las cotizaciones, mientras la otra padece las presiones inflacionistas.
La confianza de los consumidores en la economía ha caído a su nivel más bajo en casi cuatro años, con solo el 20 % de la población opinando que la situación mejora. Además, las expectativas de inflación a un año han subido al 4,8 % y al 3,9 % a largo plazo, cifras que podrían alimentar un círculo vicioso de alzas de precios. La pérdida de optimismo es más marcada en los hogares con rentas más bajas y varía según la filiación política.




