Cada año, en Estados Unidos, 31 millones de personas sufren la picadura de una garrapata, y las consultas en urgencias por este motivo se encuentran en sus niveles más altos desde 2017. Quienes acuden tras una picadura suelen recibir la indicación de informar el lugar exacto donde estuvieron expuestos, ya que esto ayuda a identificar el tipo de garrapata y la posible enfermedad transmitida. La enfermedad de Lyme es la más frecuente en la región capitalina y, aunque el síntoma más conocido es una erupción cutánea con forma de diana, la infección puede darse sin este signo. Para transmitir la enfermedad, la garrapata debe adherirse a la piel durante al menos 24 a 48 horas. Los primeros síntomas aparecen entre tres y treinta días después de la picadura e incluyen dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello, parálisis facial, palpitaciones, mareo o dificultad respiratoria.
La mejor estrategia para evitar estas afecciones es la prevención. Antes de salir al exterior, se recomienda tratar la ropa con permetrina y aplicar repelentes que contengan DEET. Tras regresar de espacios naturales, es fundamental inspeccionar el cuerpo, así como el de niños y mascotas, ya que así se puede localizar y eliminar el parásito antes de que llegue a fijarse y transmitir enfermedades.




