Los taxis sin conductor llevan ya tiempo probándose en varias ciudades de Estados Unidos y pronto podrían legalizarse en otras, como la capital del país. Sin embargo, un nuevo estudio de la Facultad de Negocios de la Universidad de Maryland concluye que, al menos en el corto plazo, estas unidades autónomas no desplazarán a los conductores de plataformas de transporte compartido.
El informe señala dos ventajas clave para las compañías que operan con conductores: en primer lugar, pueden aumentar su oferta casi de inmediato incentivando a más choferes, mientras que los operadores de taxis autónomos deben fabricar o adquirir nuevos vehículos, un proceso lento y costoso que implica desembolsos de cientos de miles de dólares. En segundo lugar, las plataformas que conectan pasajeros y conductores asumen muy poco riesgo de capital, ya que no compran los automóviles; tan solo ajustan las comisiones para regular la disponibilidad de servicios.
Aunque los taxis autónomos suelen ofrecer tarifas más bajas, las empresas de transporte compartido mantienen su fortaleza gracias a la flexibilidad para responder rápidamente a la demanda sin cargar con flotas paralizadas. Según el análisis, sería necesario que los precios de los servicios sin conductor se redujeran a la mitad de las tarifas actuales para amenazar seriamente a sus competidores, algo que, en opinión de los autores, no ocurrirá en los próximos cinco o diez años. De este modo, a pesar de que podrían ver sus márgenes de ganancia afectados, las plataformas con conductores continuarán siendo viables y competitivas.




